
Yolanda Díaz es una jurista, como ella suele presumir, que ha hecho todo lo posible por no practicar el derecho. También es una sindicalista que prefiere dejarle la lucha obrera a otros. Se le ha visto, por el contrario, muy acomodada a las altas magistraturas del Estado. Si se ganó el mote brillante de ‘la Fashionaria’ es porque ha vestido el cargo. No siempre es fácil sobrellevar las contradicciones en política, pero a veces es imposible. Un peinado Isabel Tocino no está hecho para las barricadas, entre Unai y Pepe, como Albares con el uniforme de gala parece el portero de librea de un viejo hotel pretencioso de provincias. Yolanda Díaz ahora está en el trance de aspirar a estrella planetaria del Trabajo, promocionada por Sánchez al trono de la OIT. El sueldo, más el plus por vivir en Suiza y los 12.000 mensuales de vivienda, te ponen entre 300.000 por lo bajo y cerca del medio millón según Gemini. Pero se lo ha ganado, y bien ganado. Un Sánchez agradecido se compromete públicamente a pelear su candidatura. Lógico. Nadie tuvo nunca un socio de Gobierno más sumiso.
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